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De Charles Barkley a Joel Embiid: la lucha para modernizar al hombre grande de la NBA

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Joel Embiid makes 26-foot step back jumpshot (0:22)

J. Embiid makes step back jumpshot (0:22)

JOEL EMBIID DISFRUTA las oportunidades de disparar triples. La ejecución de ese tiro, según cree el pívot de los Philadelphia 76ers, de 7 pies de altura, lo cataloga como un jugador de la NBA moderna, un gigante con múltiples facetas, cuyas destrezas y condición atlética no debe confinarlo a un pequeño y definido pedazo del espacio de la cancha de baloncesto (y eso no ocurrirá).

Asimismo, Embiid confiesa que si hay algo que él ansía tanto como convertir esos disparos es convencer a los jugadores rivales de que crean que está a punto de intentar el triple. Lo hace con el bombeo más curioso: alza el balón por encima de su cabeza, para bajar lentamente, como si fuera una grúa oxidada que chilla protestando por una dosis de aceite lubricante.

Frecuentemente, otro gigante intenta marcar ese disparo. En ese momento, un Embiid vertiginoso desata su velocidad superior para imponerse sobre su defensor con dos fuertes dribles y una volcada. Si el gigante permanece en su sitio, Embiid merodea por el aro, pone su codo en posición y deja volar el balón.

Y en ese momento, una generación de los mejores jugadores frente al poste en la historia del baloncesto emite un gruñido al unísono.

“Entra, mete tu trasero en el área y domina”, afirma un alterado Patrick Ewing.

“Cuando él encesta triples”, afirma Charles Barkley, “yo garantizo que el defensor está pensando: ‘Hombre, eso fue tan fácil’”.

“Es tan estúpido no utilizar a tu gigante. Número 1: si cuentas con un jugador de gran calidad, éste no podrá ser detenido en el poste en marcaciones personales. Él provocará una marcación doble y conseguirás amplios espacios para intentar triples. O bien causará que el otro equipo se meta en problemas y sea sancionado con faltas. Simplemente, no creo que estos gigantes estén usando sus cerebros”.

A criterio de Barkley, no importa que Joel Embiid tenga un promedio superior de toques en el poste, por encima de cualquier otro jugador en la NBA. Tampoco importa que los otros jugadores que siquiera se acerca a sus 10.4 toques por partido sean el gigante de los San Antonio Spurs, LaMarcus Aldridge (9.7), y la estrella de Los Angeles Lakers, Anthony Davis (9.2).

Según los puristas del baloncesto, el hecho de que las estadísticas de Embiid disten mucho de los días idílicos de Wilt, Kareem, Moses y Shaq es el problema. La era de estos grandes se caracterizó por gigantes que consistentemente desbordaban a sus oponentes de espaldas a la canasta, siendo tan dominantes en la pintura que eran mencionados por su primer nombre por el público amante del baloncesto.

Ya ese no es el caso. El gigante que se mantiene por debajo del poste es una especie en extinción en el mundo de la NBA. Y si las estadísticas se mantienen fieles a las tendencias actuales, bien podrá desaparecer del todo en un periodo no mayor a cinco años.


EMBIID es el pararrayos.

Los pívots miembros del Salón de la Fama no pueden comprender por qué jugadores de la talla de Spencer Dinwiddie y Shai Gilgeous-Alexander pasan mayor tiempo en la pintura que el pívot de los Sixers. Los estrategas modernos de la NBA mantienen la tesis de que Embiid podría convertirse en el gigante símbolo de la próxima década, si asume con gusto sus proezas desde el perímetro, aún en desarrollo.

“Una de las razones por las cuales los entrenadores ya no (instruyen ir) hasta el poste es que es más fácil crear un esquema contra un gigante, en comparación a tener a Kevin Durant en el perímetro frente a ti… y la diferencia es grande”, afirma Brown. “Se puede hacer una marcación doble más fácilmente contra un gigante, se les puede abrumar, se les puede retener, conscientes de que hay gente esperando por el perímetro y el cronómetro (para encestar) se está desvaneciendo”.

A pesar de todo lo anterior, algunos de los gigantes más grandes de la historia del baloncesto refutan la idea de que ya no hay lugar para encestar por debajo del poste.

“¿Han escuchado el término ‘maquillar cifras’? Eso es lo que hacen (las estadísticas relativas a gigantes) a mi criterio”, expresa Shaquille O’Neal, miembro del Salón de la Fama. “‘Oh, a nuestra compañía le va excelente. Hacemos esto. Hacemos esto otro’, cuando en realidad es una empresa de mentira”.

“Mi posición radica en que, si un gigante penetra y desea dominar, puede dominar… y hacerlo con facilidad. Debido a que nos hemos alejado de un estilo de juego físico, los equipos ya no saben cómo ejecutarlo”.

“Si el gigante apropiado lo intenta, veremos algo similar a lo de antaño, donde éste se convertirá en un hombre que obligue a cambiar tus esquemas defensivos”.

O’Neal afirma que Embiid podría convertirse en esa fuerza dominante, aunque solo ocurriría si este evita confinarse a la línea de 3 puntos y decide penetrar hasta la pintura.

En ese contexto, la palabra “dominio” se refiere a sacudir el aro y apalea a su rival en la pintura.

El problema es, según afirma Embiid, que este deporte está cambiando y los gigantes necesitan ser capaces de hacer frente y disparar el balón, ponerlo a moverse por la cancha y actuar como facilitador cuando son objeto de marcaciones dobles.

“Necesitamos ser capaces de hacerlo todo en la cancha de baloncesto”, indica Embiid. “Eso es lo que he intentado hacer, cambiar el relato existente en torno a los gigantes”.

Brown insiste que no ha abandonado la idea de utilizar a Embiid en el poste y afirma que su meta es que éste sume al menos 15 toques por partido en dicha área. Esa es una buena estrategia para los Sixers, pero los 29 equipos restantes no cuentan con un Joel Embiid a su disposición.

“Las estadísticas no respaldan sus destrezas”, expresa un gerente general de la NBA con respecto a los gigantes que primordialmente viven en el poste. “Son dados de baja en cuanto llegan al sitio”.


SI TODO LO ANTERIOR parece ser una exageración, tomen en cuenta lo siguiente: Antes de que la NBA incorporara a sus reglas la línea de 3 puntos en la temporada 1979-80, los pívots se hicieron con 15 de los 16 premios al Jugador Más Valioso. Desde el año 2000, ningún jugador en la posición de pívot ha obtenido el reconocimiento.

Shaq fue el último pívot en llevarse el palmarés al Más Valioso.

Mucho ha cambiado desde entonces. LeBron James comenzó su vida en la NBA en 2003, el mismo año en el cual el autor Michael Lewis publicó su libro “Moneyball”. El texto giraba en torno al béisbol, pero su planteamiento general (que se puede utilizar el análisis estadístico para obtener ventajas) resonó en todo el mundo deportivo. Mientras que James se convertía en el rostro de la NBA, “Moneyball” se convirtió en su cerebro y 16 años después, todas las gerencias utilizan estadísticas para justificar cualquier transacción.

Esas mismas cifras utilizadas por las gerencias para evaluar jugadores también sirven para sustentar el uso de distintos tipos de jugadas y su valor relativo. Los indicadores nos revelan, entonces, el por qué los gigantes tradicionales ostentan menor valor que nunca.

Cuando se juzgan los tipos de jugadas disponibles para una ofensiva moderna de la NBA y los tipos de jugadas que usa un gigante de la NBA moderna, se concluye que las jugadas en el poste son ineficientes. Están muriendo y rápidamente.

Durante la temporada 2013-14, se produjeron 15.4 jugadas “post-up” por cada 100 posesiones, según las cifras de seguimiento recopiladas por Second Spectrum. En la actual campaña, el promedio es de apenas 8.4 por cada 100, lo cual representa una disminución del 45.5% en un periodo de seis torneos.

Estas tendencias se hacen cada vez más evidentes cuando analizamos el desempeño de jugadores de manera individual. En la campaña 2013-14, 20 jugadores distintos en la NBA terminaron con un promedio mínimo de cinco jugadas en el poste por partido. En la actual temporada, esa cifra ha disminuido, llegando a cinco jugadores: a saber, Embiid, Aldridge, Davis, Karl-Anthony Towns y Kevin Love. La camada de gigantes que bajan hasta penetrar cerca del aro está cayendo de forma persistente a medida que pasan las temporadas, porque sus entrenadores creen que esos gigantes son más útiles en otros espacios de la cancha.

La posesión promedio en la actual temporada de la NBA tiene un valor de 1.08 puntos, según la data de Second Spectrum. La posesión promedio en la NBA que redunda en acción en el poste representa 0.96 puntos. En contraste, el tiro de 3 puntos producto de una acción de “atrapar y encestar” representa en promedio un valor de 1.12 puntos.

Dicho de forma simple: 3 es mayor que 2, razón por la cual un partido promedio de 48 minutos en la presente campaña incluye 67 intentos de triples y apenas 17 post-up en total.

Nadie ha asumido la tendencia a favor del triple de forma más entusiasta que Daryl Morey, actual gerente general de los Houston Rockets. Su equipo mantiene prácticamente todos los récords en tiros de 3 puntos, desde las marcas en un solo partido hasta totales de temporada. En el torneo anterior, Houston convirtió un récord de 70 triples durante una derrota en tiempo extra a manos de los Brooklyn Nets.

“La gente me suele decir: ‘Detestas los tiros a rango medio, detestas los post-ups’”, afirma Morey, “pero eso no es cierto. Cuando jugaba en la secundaria, esas eran mis mejores cestas”.

“Simplemente estamos haciendo lo que nos funciona. Hemos creado la mejor ofensiva en la historia de la NBA durante las cinco temporadas anteriores; en consecuencia, nos mantenemos fieles a esa filosofía”.

Por su parte, los Golden State Warriors crearon una dinastía cimentada en la puntería de Stephen Curry, Klay Thompson y Durant… sin contar con presencia significativa alguna sobre la pintura.

“Pienso que la NBA cometió un gran error cuando todos intentaron imitar el modelo de los Golden State Warriors”, afirma Barkley. “Los Golden State Warriors contaban con los tres encestadores más grandes que jamás hayan vivido. Entonces, todos intentan encestar triples. En los últimos dos años, existen siete equipos que intentan encestar más triples que los Golden State Warriors. Sabemos que los Rockets son un caso anómalo”.

“Pero la idea de que otros seis equipos encestarán más triples que el trio más grande de encestadores que jamás haya vivido, es estúpida y bestial”.

No obstante, hasta las mayores estrellas de los años 80, entre las cuales se encontraban Julius Erving, Magic Johnson, Larry Bird y Michael Jordan, llegaron a jugar lejos de la cesta. Gigantes de la talla de Kareem Abdul-Jabbar, Kevin McHale y Moses Malone seguían siendo valiosos, pero ya no eran los rostros de sus equipos campeones.

A medida que transcurrían las temporadas, los equipos se hicieron más sofisticados en sus esquemas tácticos. La dinastía de los Chicago Bulls en los años 90 fue el preludio de las cosas por venir. Gracias a la dupla conformada por Jordan y Scottie Pippen, los Bulls dominaron el baloncesto desde las alas y el desfile de gigantes que los acompañaron se vio marginado significativamente.


ES CASI INDISCUTIBLE que el tiro de tres puntos es la habilidad más importante en el juego en este momento. Afecta todo, desde posiciones del draft hasta tiempo de juego y arquitectura ofensiva. Los entrenadores creen que los tiros de tres conducen a una eficiencia ofensiva, y que al obstruir las áreas entre la pintura y la línea de tres puntos, los jugadores de la delantera obstruyen las arterias clave en penetraciones y pases.

Esta comprensión ha llevado a muchos de los mejores jugadores grandes de la liga a cambiar sus juegos. Consideremos el pívot de Milwaukee Bucks, Brook Lopez. En su única temporada All-Star en 2013, el 1% de los tiros de López fueron de tres puntos. La temporada pasada, el 66% de sus intentos estuvieron detrás de la línea de tres puntos.

“Es sorprendente cuánto ha cambiado", dice López. "Los hombres grandes ahora, tenemos que hacer todo".

El entrenador de los Bucks, Mike Budenholzer, tiene tres jugadores de 7 pies en su lista: López, su hermano gemelo Robin, y el actual JMV Giannis Antetokounmpo (que técnicamente mide 6-11). Antetokounmpo es el anotador más prolífico en la pintura desde O'Neal. De hecho, esos dos jugadores representan las seis mejores temporadas de puntos en la pintura desde 2000.

Pero Antetokounmpo no está logrando con la espalda hacia el canasto. Aunque el 65.8% de sus tiros vienen en la pintura, solo el 7.6% de sus tiros salen de postearse. Él anota en penetraciones, en transición, en puentes y en rebotes ofensivos. También dispara 5.2 tiros de tres por juego, con el pleno respaldo de su entrenador.

"Soy un gran fanático de (disparar de tres)”, confesó Budenholzer. "Me siento realmente bien acerca de cómo evolucionan los hombres grandes. No estoy en contra de postear para cambiar nuestro aspecto de vez en cuando. Si podemos tener todo, supongo, eso es lo que quieren los entrenadores y los equipos. Pero para nosotros, la capacidad de disparar y crear espacio es una gran prioridad. Lo anhelo más que nadie".

Aquellos hombres grandes que se resisten o no poseen las habilidades para ser efectivos en la NBA de hoy, rápidamente se vuelven obsoletos.


LA CARRERA DE ROY HIBBERT estaba en su apogeo en mayo de 2013. El centro de los Indiana Pacers había dominado a los New York Knicks en las semifinales de la Conferencia del Este, promediando 13.3 puntos, 10.3 rebotes y 3.2 bloqueos por juego, ninguno más memorable que un rechazo entusiasta de la estrella de los New York Knicks, Carmelo Anthony, en el aro en un Juego 6 definitivo.

Y aunque Indiana cayó en la final de la conferencia ante James y el Miami Heat, nadie señaló con el dedo a Hibbert. Lideró a su equipo en puntos (22.1), rebotes (10.4) y porcentaje de tiro verdadero (61.4) en esa serie. La próxima temporada, fue un All-Star y finalista ante Joakim Noah en la votación del Jugador Defensivo del Año.

Pero luego todo cambió dramáticamente. Hibbert se convirtió en la mejor representación de los hombres grandes condenados por el juego de ritmo y espacio. El nuevo estilo de juego expuso su falta de movilidad y rapidez. Los equipos lo alejaron de la canasta colocando a sus grandes en el perímetro, convirtiendo su fuerza defensiva en una debilidad.

Solo un año después de que Hibbert había dominado los playoffs de la Conferencia del Este, la postemporada de 2014 contó una historia muy diferente. Los Atlanta Hawks, sembrados número 8 y entrenados por Budenholzer, mantuvieron a Hibbert sin puntos en los Juegos 5 y 6 de su serie de primera ronda contra los Pacers, sembrados número uno. Lo hicieron extendiendo el piso con cinco tiradores, alejando a Hibbert de pies lentos de su casa en la pintura, y metiéndolo en problemas de falta (el centro de Indiana jugó solo 153 minutos en la serie después de jugar 277 contra el Heat por la temporada anterior).

El hombre grande fue humillado completamente. Dos meses después, los Pacers lo cambiaron a los Lakers.

A finales de 2016, él era una reserva cuya carrera estaba en juego. Un año después, estaba fuera de la liga. Hibbert dice ahora que era lo que la NBA quería: jugadores de ala más dinámicos y hombres grandes menos poderosos.

"En mi último año con los Pacers, (el entrenador asistente) Popeye Jones me dijo que el equipo tuvo una reunión con los muchachos de estadísticas, y dijeron que el post-up uno contra uno es el peor tiro en el baloncesto, porque es básicamente uno y hecho, no hay movimiento", dice Hibbert. “(Cuando) disparas de tres, hay oportunidades para rebotes ofensivos y pasar afuera".

MIENTRAS QUE el tiro de 3 puntos alteró orgánicamente la forma en que se juega en la NBA, la liga ha implementado durante mucho tiempo algunas reglas que erosionaron el valor de los jugadores más altos. La NBA prohibió el ‘goaltending’ (1944). Amplió el carril no una vez, sino dos veces (1951, 1964). Y, por un tiempo, prohibió las defensas de zona (reinstaladas en 2001).

Pero el cambio contemporáneo más significativo fue en 2004, cuando la liga eliminó el chequeo manual con el objetivo declarado de "abrir el juego" (esto se produjo después de que los favorecidos Lakers de O'Neal y Kobe Bryant fueron sorprendidos en las Finales por un equipo físico de Detroit Pistons con mentalidad defensiva liderado por el hombre grande Rasheed Wallace).

Eliminar ‘handchecking’ permitió a la liga legislar más puntos para los jugadores del perímetro, y funcionó. En 2003-04, solo Tracy McGrady (28.0) anotó 25 o más puntos por juego. La próxima temporada, la primera sin ‘handchecking’, siete jugadores promediaron más de 25 puntos, con el base de 5 pies y 10 pulgadas Allen Iverson (30.7 PPJ) liderando la carga. Esta temporada, hay 14 jugadores con un promedio de 25 o más puntos por juego, y solo uno de ellos, Towns, es un centro. Esta tendencia ha cimentado la creencia de los equipos de análisis de la NBA de que, cuando se trata de contacto defensivo, los grandes en la pintura no serán recompensados de la misma manera que los jugadores perimetrales.

"Cuando jugamos en las Finales del 1994 contra Houston, éramos dos equipos defensivos luchando", dice Ewing. "Pero la NBA quiere que (el juego) sea un asunto de mayor puntuación, porque creen que es más atractivo para los fanáticos. Entonces, han cambiado la forma en que se juega el juego".

En 2019, un defensor puede bloquear legalmente con una llave de brazo en la región lumbar de Embiid si está en el poste bajo, pero si el mismo defensor se atreve a poner un dedo en el codo de JJ Redick detrás de la línea de tres puntos, los oficiales lo clavarán con una falta de tres tiros, literalmente, la infracción más punitiva del juego.

"Muchas de las reglas sobre cómo puedes defender el perímetro frente a los jugadores internos son bastante diferentes", dice Morey. "No estoy seguro de cuál es la respuesta. Ni siquiera sé si realmente necesitamos una respuesta: el juego es tan bueno como siempre".

No todos están de acuerdo. El ex hombre grande Vlade Divac, ahora gerente general de los Sacramento Kings, se lamenta: "Tu hombre es maltratado (en la pintura), pero no hay ningún silbato, y en la línea de tres puntos, respiras mal sobre el tipo y es una falta.

"Tal vez si cambiamos las reglas, el juego con la espalda hacia el canasto volverá”.


KEVIN LOVE CRECIÓ como un jugador en la pintura, observó cada evolución con gran interés y luego llegó a encarnarlo. Como un novato de 20 años en Minnesota, Love tomó menos del 3% de sus tiros desde tres puntos; la temporada pasada en Cleveland, tomó el 52% de sus tiros desde tres, intentando 6.7 tiros de tres puntos por juego. En su carrera en el Salón de la Fama, Reggie Miller nunca intentó más de 6.6 por desafío.

"Para mí, definitivamente fue 'adaptarme o morir' cuando llegué a Cleveland", dice Love. "Sabía que ya no estaría jugando tanto de espalda. Teníamos dos jugadores dominantes de la pelota, con Kyrie (Irving) y LeBron, y tuve que ver dónde encajaba. Pasé de recibir tantos toques en la pintura, y siendo la opción principal número 1, a ser el tercer tipo y realmente solo ser un espaciador de piso la mayor parte del tiempo”.

Love tuvo suerte de que su padre, Stan Love, un ex grande de la NBA que podía disparar, le había dado instrucciones a su hijo en edad escolar de desarrollar un juego perimetral junto con habilidades de manejo de balón. Cuando hizo el cambio al perímetro en la NBA, Love dice que fue un ajuste igualmente grande en el lado defensivo del piso.

"Nunca había jugado o defendido tan lejos de la canasta", dice Love. "Tienes que cambiar (en defensa) sobre un Klay Thompson, sobre un Steph Curry o Kevin Durant. Aunque eres un hombre de 4 o 5, realmente tienes que hacerlo, o estás muerto en el agua”.

La nueva raza de hombres grandes continuó evolucionando. En 1998, un centro novato de Alemania llamado Dirk Nowitzki, dejó su marca cambiando la noción de lo que era un hombre grande. Si bien Nowitzki era un reboteador promedio y un bloqueador de tiros marginal, dominó desde detrás de la línea de tres puntos como ningún otro jugador de 7 pies antes que él.

De repente, las posibilidades de disparar por los hombres grandes eran infinitas.

SHAQUILLE O'NEAL RECUERDA agacharse en el último momento mientras camina por la puerta del Atlanta Ritz-Carlton, donde está sentado su amigo y compañero de televisión Charles Barkley. Los dos hombres masivos empequeñecen la habitación, apretándose en un sofá aparentemente del tamaño de una muñeca mientras bromean sobre el tema en cuestión, tipos como Embiid disparando de tres puntos.

"¡Él es el que me frustra más!", exclama Barkley. "Podría ser el mejor jugador de la NBA".

O'Neal sonríe con picardía.

"Esos tiros de tres son bonitos", dice, mientras Barkley grita. "Pero se supone que debes castigar a los chicos".

El tamaño solía importar, casi más que nada. Ya no, dice el dueño de los Dallas Mavericks, Mark Cuban.

"La analítica no especifica si se trata de un tipo grande, pequeño o mediano", dice Cuban. "Los análisis se basan en el conjunto de habilidades del jugador y el equipo. En este momento, si eres un tirador decente, independientemente de tu altura, es mejor que dispares de tres".

¿Cuál es el futuro del hombre grande en una liga en la que Dallas lidera la liga en anotaciones, y su recién adquirido jugador de 7-3 dispara tiros desde 40 pies? ¿Todavía hay un lugar para un jugador dominante en la pintura?

La mayoría de los ex hombres grandes entrevistados señalan a Embiid como la mejor esperanza del juego. Brown dice que el juego posterior de su jugador sigue siendo un trabajo en progreso.

"Entonces, ¿qué tiene que hacer Joel para que esto funcione?", pregunta Brown. "Primero, tiene que ser un pasador dispuesto. Luego está en el entrenador espaciarlo adecuadamente. Tiene que ser un mariscal de campo dispuesto, y estar atento al tiempo, sentir la marca doble".

"La idea de que 'Oh, (Joel) flota demasiado', bueno, sí, un poco. Cuando termina siendo dramático es cuando es 98-98 con dos minutos restantes y, la gente dice: '¿Por qué está disparando un tiro de tres? Eso es un poco cierto, porque está en un entorno más pronunciado. Pero en 98-98 sabes que será defendido por dos. De seguro".

La posibilidad de ser defendido por dos jugadores en la NBA de hoy deja a O'Neal salivando ante la oportunidad. Dale una oportunidad, dice Shaq, y él tomaría el control total de la llave.

Cuando se le preguntó qué haría si O'Neal estuviera en su plantilla, Morey responde: "Le daría la pelota 1,000 veces, supongo. ¿Viene? ¿Puedo reclutarlo en algún lado?”.

Si bien Shaquille O'Neal no está atravesando esa puerta, tal vez estamos enfocados en el hombre grande equivocado.

"Realmente me encantaría jugar en esta NBA", dice O'Neal. "Traería un poco más de juego físico. Traería mi longitud, traería mi atletismo. Entonces, antes de que digas, 'Shaq no puede jugar en esta era hoy', ya estoy jugando".

"Mi nombre es Giannis Antetokounmpo”.