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Compartir la gloria, la costumbre más valiosa de un Guerrero

Cuando los Golden State Warriors incorporaron a Kevin Durant como agente libre para formar su propia versión de los “Cuatro Fantásticos” a mediados del año pasado, la principal preocupación era que existía un solo balón para cuatro estrellas: Stephen Curry, Klay Thompson, Draymond Green y el mismo Durant. Esa consternación también tenía algo de sentido considerando lo que les costaba coexistir a Russell Westbrook y Durant en Oklahoma City con el aislamiento y el uno contra uno estampado como su identidad. ¿Acaso KD dejaría en la sombra a Klay? ¿O quizás Steph se empecinaría en ser el foco de atención en los últimos dos minutos de cada partido?

Bueno, permítanme decirles que todos esos miedos fueron infundados y que en realidad no hay equipo más generoso en la NBA que unos Warriors aparentemente encaminados a ganar 70 partidos o más por segunda campaña consecutiva.

Todos conocemos los polos opuestos del básquetbol, ¿cierto? Por un lado está la filosofía individualista que supieron simbolizar Kobe Bryant y Allen Iverson (“apártense de mi camino, insectos, y permítanme demostrarles mi genialidad”) y por el otro tenemos al “Mantra Spurs” del pase adicional para que un buen tiro se convierta en uno inmejorable. Los Warriors no son uno ni otro, sino que algo nuevo y refrescante.

Consideremos dos jugadas que sucedieron en el segundo cuarto del encuentro del jueves contra los Cleveland Cavaliers y efectivamente sellaron la suerte de sus verdugos navideños en aquel partido.

El marcador iba 60-46 a favor de los Warriors con poco más de tres minutos por jugar, pero los Cavs no bajaban los brazos y estaban entonados después de que Tristan Thompson había bloqueado un intento de Klay Thompson. LeBron James tenía el balón en sus manos y encaraba a Pachulia, pero no vio a un Curry que lo sorprendió para arrebatárselo.

Como pueden ver, Curry sale en velocidad pero tiene a Thompson y Kyrie Irving en su camino. Ante esa realidad él podría haber embestido contra Irving y buscar una jugada de tres puntos propia con falta incluida para coronar su proeza defensiva. Lo que nadie anticipaba en el Oracle Arena era que él vería a Klay esperándolo en soledad para recibir su pase a la carrera en la esquina. Swish. 63-46.

En la siguiente posesión, Klay bloqueó un tiro de Irving e inmediatamente encontró a un Curry que salió disparado, se paró detrás de la línea de triples y…amagó para otorgarle un pase de pique al suelo a Draymond Green y que su amigo ejecute la volcada feroz que derrumbaría las esperanzas de su más odiado rival. 65-46 y a otra cosa. La primera mitad terminaría con un marcador escandaloso de 78-49 a favor de los locales, que no se erraron ningún tiro de contraataque.

¿Ven? Ellos ven la mejor jugada en medio de un mar confuso de opciones que consume al ego de más de uno.

Sin embargo, no te atrevas a pensar que esto fue un arrebato de inspiración por una noche para los subcampeones actuales de la NBA. No señor, lo que vimos el jueves ya forma parte de una sana costumbre en la bahía.

FILOSOFÍA DEL CAOS ORGANIZADO

Según el Departamento de Estadísticas e Información de ESPN, los Warriors contaron con 26 asistencias en la primera mitad contra Cleveland, y todas ellas provinieron de Draymond, Curry, Durant y Andre Iguodala para un porcentaje de efectividad del 79 por ciento en tiros de campo cuando alguien recibía un pase para anotar de parte de uno de ellos. Ese porcentaje se eleva al 86 por ciento (18 de 21) cuando la habilitación era de Curry, Durant o Green.

Iguodala es conocido por su sacrificio dentro de la cancha, pero los otros tres también buscan el bien colectivo por sobre las estadísticas personales.

Del blog de Stats & Info: “Los Warriors han sumado al menos 25 asistencias en una mitad en cuatro ocasiones esta temporada. Ningún otro equipo ha tenido un juego así”.

Para darte algo de contexto en este rubro estadístico, los Cavaliers tuvieron 31 asistencias combinadas en sus dos choques contra Golden State esta temporada (20 cuando ganaron en Navidad, 11 en su derrota más reciente), mientras que los Warriors contaron con un total de 37 en un solo partido contra los Cavs y su promedio general es de 31.3 por encuentro. Los Houston Rockets los escoltan de lejos con 25.7, o sea menos que el total previamente mencionado que los dirigidos por Steve Kerr son capaces de conseguir en la mitad del tiempo.

Un estimado colega mío me mencionó que los Warriors no están ni siquiera entre los 10 primeros de la liga en pases hechos por partido, y eso es cierto (van undécimos), pero yo creo que eso se debe a que ellos no desperdician el tiempo de posesión ni las oportunidades que se les presentan como líderes de la NBA en el rubro de “puntos creados por asistencias” con 74.1 por compromiso, 11 más que unos Rockets que nuevamente los siguen desde bien atrás como los mejores del resto.

Esto es consecuencia de un esquema que pregona el movimiento constante y el encontrar al compañero mejor posicionado para anotar, aprovechando de esa manera la atracción que atraen cualquiera de los “Cuatro Fantásticos” ya sea dentro o fuera de la zona pintada.

Si apuestas al egoísmo en Golden State, vas a perder. Y si apuestas a detener su locomotora colectiva, probablemente igual vas a perder. Nadie dijo que la vida era justa.