<
>

Legado del reportero Pedro Gómez trasciende el béisbol

El gran Jackie Robinson, el hombre que rompió la odiosa y despreciable barrera racial de las Grandes Ligas del béisbol, dijo una vez: "Una vida no es importante sino por el impacto que causa en otras vidas".

Basándonos en esas sabias palabras, entonces la vida de Pedro Gómez fue muy importante.

El legendario reportero de béisbol de ESPN murió el domingo de forma sorpresiva a los 58 años de edad, dejando una estela de dolor entre sus colegas, amigos y familiares.

"Pedro fue un periodista de élite al más alto nivel y sus logros profesionales son reconocidos universalmente. Más importante aún, Pedro era un amigo amable y querido para todos nosotros. Nuestros corazones están con la familia de Pedro y con todos los que lo aman en este momento extraordinariamente difícil", dijo James Pitaro, presidente de contenido de ESPN.

"Es una desgracia, una terrible noticia", dijo el puertorriqueño Alex Cora, mánager de los Boston Red Sox. "Fue agradable compartir con Pedro, tanto en los roles de jugador y mánager y luego en ESPN como compañeros de trabajo", agregó.

"No lo puedo creer, es terrible, muy malo", dijo el expelotero dominicano David Ortiz.

"Tengo una gran pena en el corazón. Pedro fue un ser humano genuino. Alguien con quien siempre tuve una relación de mutuo respeto. Lo extrañaré", dijo Albert Pujols, de los Los Angeles Angels.

Como profesional, Gómez fue un caballo, caballo. Por cerca de 35 años estuvo en las "grandesligas" del periodismo, primero como reportero y columnista de periódicos y, desde el 2003, como reportero y analista de las diferentes plataformas de ESPN.

Durante ese tiempo cubrió los eventos más importantes del pasatiempo nacional y algunas de las noticias más impactantes de la industria del béisbol de los últimos tiempos.

Gómez reportó cada movimiento de Barry Bonds mientras se acercaba y quebraba el récord de cuadrangulares de Hank Aaron y en febrero del 2009, después que Alex Rodríguez informó al mundo que había usado una sustancia llamada "boli" que un primo le compraba en República Dominicana, estuvimos juntos en un equipo especial que viajó dos veces a la isla para tratar de indagar de qué se trataba el asunto.

Tan recientemente como la pasada Serie de Campeonato de la Liga Americana, compartimos notas y citas, mientras reportábamos, desde el mismo puesto en el estadio Petco Park de San Diego, para nuestros respectivos canales de ESPN.

Más allá de sus meritos profesionales, Pedro Gómez fue un ser excepcional por su calidad humana.

El cubanoamericano nativo de Miami podía iluminar el palco de prensa, sino todo el estadio, con su enorme sonrisa. Nunca estaba lo suficientemente cansado, agotado u ocupado como para no responder una solicitud de ayuda. Pocos deben tener una imagen de un Gómez enojado o molesto.

"Pedro era mucho más que una personalidad de los medios. Era un papá, un esposo cariñoso, un amigo leal, entrenador y mentor. Él era nuestro todo y el mayor creyente de sus hijos", dijo la familia de Gómez en un comunicado publicado por ESPN Front Row.

Gómez, a quien sobreviven su esposa Sandra y sus hijos Río y Dante y su hija Sierra, se llenaba de orgullo cuando nos contaba de los avances de Río, un lanzador zurdo, primero en la Universidad de Arizona y desde el 2015 en el sistema de ligas menores de los Boston Red Sox.

"Enriquito, Río ya está en el globo", me dijo Pedro Gómez cuando los Red Sox reclutaron a Río en la ronda número 36 del sorteo colegial del 2017. Y lo dijo con esa enorme sonrisa que siempre tenía a flor de labio y que iluminaba cualquier lugar en donde se encontrara.