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Alexis Argüello batallaba con sus adicciones durante exaltación

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El boxeo y las drogas (1:57)

En el cuarto episodio, Bernardo Pilatti analiza los boxeadores que han tenido un problema con las drogas y el oscuro efecto que tuvo en sus carreras. (1:57)

En el año 2000, durante su visita al Salón de la Fama del Boxeo Mundial, Alexis Arguello le narró sus problemas de consumo de drogas a ESPN. En el resumen inicial de la columna firmada por el escritor deportivo Tim Graham los subtítulos a partir de las propias frases de Arguello, permiten imaginar lo que vendría continuación:

"Me sentí vacío porque mi deporte me había llenado mucho... Simplemente, estoy tratando de ser un hombre... Necesito ser un hombre sobrio...Necesito enderezar mi vida", dijo el ídolo nicaragüense.

CANASTOTA -- Alexis Argüello lucía un poco barbudo en una monótona mañana de junio. La noche anterior, había salido y compartido con sus amigos y compañeros de gente famosa.

Argüello, sin embargo, no estaba malhumorado por haberse levantado temprano para ceder una entrevista. Estaba profusamente amable; sonreía constantemente y estaba impecablemente vestido. Estaba impaciente por dar las gracias.

Después de todo, estaba contento por el simple hecho de haber sobrevivido la noche anterior.

No se emborrachó. No inhaló cocaína. No fumó "crack". No llevó ninguna mujer extraña a su habitación de hotel. No intentó suicidarse.

Justo meses antes, cualquiera de las cosas anteriores hubiera sido posible para Argüello en una de sus típicas noches. El tres veces campeón del mundo estaba imprudente y desconsolado. Sabía que él mismo se estaba matando con las drogas y no le importaba.

Pero para un hombre como él, que ha vivido varias facetas por una adicción letal, donde constantemente pensó en ensartar un cuchillo en su corazón o hacer chocar contra un árbol su carro a propósito.

Argüello tuvo un deseo de muerte. "Por dos meses, temía contestar el teléfono porque nunca sabía qué tipo de llamada era", dijo Alexis Argüello hijo. La llamada casi llegó, varias veces.

Argüello, su mente y su espíritu atrapados por el alcohol y las drogas, estaba inconsolable por varios meses, desde el verano pasado y continuando hasta principios de este año.

El aprieto de Argüello era devastador en muchos aspectos, incluso al pelear a niveles sucios. Si había algún luchador que supuestamente había dejado el ring con dignidad, ese era Argüello. Él era un guerrero guapo y que sabía hablar. Inspiraba carisma y clase. Aparentemente, podía hacer lo que él quería.

"Dormí dos o tres veces con un cuchillo en la mano", confesó Argüello campantemente esa mañana de junio, sentándose a la mesa con dos rodajas de pan con pasas y un vaso de jugo de naranja. El legendario del cuadrilátero de 48 años de edad, vestía una camisa de color mostaza y pantalones negros, listo para el desfile de Inducción del Salón de la Fama del Boxeo Internacional. Un crucifijo de oro se dejaba entrever en su pecho.

"Me fui a la cama con la culpa, intentando sacarme de la cabeza esa tonta idea. Mi deseo era morir porque la sociedad es inhumana, muy vulgar, muy estúpida, muy vacía", confesó.

El ferozmente orgulloso nicaragüense, que en 1983 dejara su mansión y arriesgara su vida y millones de dólares para tomar un rifle M-16 y luchar con los rebeldes de la "Contra" en oposición al izquierdista régimen de los sandinistas, estaba desilusionado con el actual gobierno. Reclamó que funcionarios irregulares habían ingresado dinero en sus propias cuentas personales en Estados Unidos fondos en dólares destinados para Nicaragua.

"Eso me dolió hasta el fondo", dijo Argüello. "Pensaba que si esta gente es tan mala, prefería morirme. Quería una retaliación y la única forma de retaliación era conmigo mismo", puntualizó.

"Soy sensible. Soy tan sensible que el comportamiento de estas personas tan detestables, cuando tocaron los dólares, me dolió. Estados Unidos es un gran país y trató de ayudar a mi país. Pero esta gente que robaron son unos estafadores".

Argüello también había sufrido un ataque de depresión por su incapacidad para no pelear más. Reclamó que todavía tiene cantidad de dinero que le quedó de su estelar carrera y lo ha invertido en su empresa de impresiones en Managua, donde vive.

Sin embargo, lo que todavía anhela es la notoriedad y la adoración de la gente alrededor del mundo que halagaba sus otroras habilidades devastadoras. Como resultado, muchas veces luchó con el retiro del cuadrilátero. Había llegado hasta el tercer grado y se convirtió en un profesional a la edad de 16 años. No sabía nada más.

Argüello se retiró primero en 1983, después de sufrir el segundo nocaut de Aaron Pryor. La primera pelea de Pryor fue de 14 asaltos que hizo lo caer de espaldas y lo dejó en el suelo por 15 minutos.

Volvió dos años más tarde para intentar convertirse en el primer campeón de cuatro divisiones en la historia del boxeo y alcanzó dos victorias sin oportunidad de ganar algún título antes de retirarse de nuevo. Sin embargo, regresó de nuevo en 1994, anotando una victoria en su primera pelea. Pero al año siguiente, a sus 41 años, parecía quebrado en una derrota por decisión contra Scott Walker.

A pesar de que Argüello intentaba convencerse que todavía tenía chance después de la inquietante derrota, se retiró definitivamente con un récord de 80-8 con 64 nocauts. El tuvo marca de 19-3 en peleas de título y peleó en 14 combates de campeonatos mundiales.

EL CONSUMO DE DROGAS AUMENTÓ EL VACÍO DEL BOXEO

"Me sentí vacío porque mi deporte me había llenado mucho", dijo Argüello. Sintió vergüenza de sus adicciones. El ídolo nicaragüense sintió que se había convertido en la vergüenza de sus compatriotas.

"La culpa te hace hacer cosas diferentes", sostuvo. "No quería que la gente me mirara mal por tener la responsabilidad de intentar ser un hombre más grande para mi país, un ejemplo. Las drogas hacen que te vuelvas más sensible por la culpa y ese sentimiento de culpabilidad te obliga a esconderte de la realidad".

Aunque Argüello no podía enterrarse él mismo la espada en su corazón, todavía quería morirse, aún cuando eso significaba pedirle a alguien que lo matara.

El le comentó a un reportero del periódico La Prensa de Managua en agosto pasado que buscaba a alguien que le colocara una inyección letal. "Creo que el favor más grande que puedes hacer por mí en este momento es inyectarme algo letal que me lleve a un sueño tranquilo para siempre", dijo Argüello.

Fue recientemente que las tendencias suicidas de Argüello vinieron a la luz pública en Estados Unidos. Apareció en el programa radial de Pedro Fernández que se transmite a nivel nacional, "Habla el Ring" (Ring talk) y, a través de discursos, algunas veces incoherentes, anunció que él estaba bajo el efecto del "crack" y afirmó, "sí, quiero morirme".

Fernández dijo que él buscó un fondo de 40,000 dólares, provenientes de los intereses del boxeo y viajó a Managua la semana siguiente, con la esperanza de convencer a Argüello de internarse en el Centro Betty Ford en el Rancho Mirage, en California.

"Eso se volvió pesado", dijo Fernández, un antiguo oficial de policía de San Francisco, con respecto a la intervención. "Ahí estaba yo, su esposa, el sacerdote y sus amigos. Pero Alexis no estaba ahí, ¿entiendes lo que quiero decir?".

"Era como jugar al gato y al ratón. Fue una de las situaciones más intensas que he visto en mi vida. Nunca lo vi tan enojado cuando luchó contra Aaron Pryor. Parecía que iba a matar".

Argüello rechazó la rehabilitación en ese entonces. Le reclamó a Fernández y a aquéllos que habían dado dinero por tener motivos ulteriores al decir "nadie te da esa cantidad de dinero sin esperar nada a cambio".

"Se estaba saliendo de control", dijo Argüello hijo, quien a los 28 años es el hijo mayor de los siete vástagos de Alexis. "Estaba muy mal. Llegó a tal punto que lo único que le interesaba era consumir algún tipo de droga. Tan mal estaba que incluso quería vender sus bienes".

UNA DOSIS DE REALIDAD

Después de una noche de tragos de whisky y vino, de estar fumando y haciendo churros de cocaína en una fiesta en el elegante Hotel Intercontinental de Managua, Argüello, quiso seguir. Su novia, Alicia, con quien tiene dos pequeños hijos, quería irse a casa.

"Casi maté a mi compañera", sostuvo Argüello. La asusté. Estábamos bailando y estábamos tomando en una fiesta de parejas a la que me habían invitado. Salimos, pero yo quería seguir bebiendo y ella no quería. Entonces, la empujé. Y ella se volvió enojada hacia mí y la agarré de la garganta".

"Cuando eso pasó, dije basta. Pasé dos semanas con ese pesar en mi corazón. Eso la hizo espantar, ese disparate de mi interior. Ella llamó a la prensa y se lo agradecí. Yo me di cuenta de que no era correcto hacer eso".

Argüello se internó en un centro de rehabilitación y ahí pasó dos meses. Dijo que no ha bebido ni un trago ni consumido droga desde ese entonces. Marlboros son su único vicio hoy, un hábito que heredó de la lista de sus tres esposas que fumaban.

"Creo que si hubiera pasado otro mes más en ésas (tomando y consumiendo drogas) se habría muerto", contó Argüello hijo. "Gracias a Dios despertó y consiguió esa esperanza que necesitaba", agregó.

"Simplemente estábamos felices que él hubiera tomado la decisión por su propia cuenta, de que él necesitaba ayuda. Lo más importante para alguien que sufre esa enfermedad es querer ayuda, desear tomar control de su vida", dice.

Mientras estaba en rehabilitación, Argüello dijo que él fracasó con otro problema que él piensa puede ser también una adicción: las mujeres.

Cuando le pregunté con cuántas mujeres había estado, Argüello contestó con una vaga expresión, "perdí la cuenta", dijo. "Intenté evadirlo cuando podía. No podía ser un mentiroso. Le fui infiel a las tres esposas que tuve. Les hice trampa por bastante tiempo. Pero una de las cosas que aprendí es que no puedo seguir fornicando fuera de mi pareja", confiesa.

"Simplemente, estoy tratando de ser un hombre", prosiguió. "Necesito ser un hombre sobrio. Necesito enderezar mi vida. Sólo necesitas un poco de convicción. Hubo momentos en que la gente vendría a mí dos o tres veces y me preguntaba si quería un trago y yo decía, no, pero luego a la cuarta vez, decía, por supuesto. Era una débil convicción".

La noche anterior a que concediera esta entrevista, Argüello estaba en ese preciso escenario. Esa noche estaba bailando en el Restaurante Graziano, la zona tradicional de fiestas en la Víspera de la Inducción del Pasillo de la Fama.

Varios de los grandes boxeadores de todos los tiempos estaban presentes como también cientos de fanáticos. Entonces, mucha gente quería celebrar con Argüello como en los viejos tiempos.

Desde que Argüello incursionó en 1992, él había conmemorado la ocasión cada año por ser una persona muy notable en Canastota. Usualmente, comenzaba con Chivas Regal y seguía con muchas botellas más. Después, la noche se echaba al olvido.

"La gente recordaría los viejos tiempos de los años de antaño", dice, "Sí. Volveríamos a nuestra casa y tendríamos una gran fiesta y pasaríamos un buen rato y mi padre preguntaría, "¿de qué estás hablando? Estaba confundido", dijo Argüello hijo, quien atendió las festividades este año con su hermano Roberto en calidad de acompañantes.
El fin de semana fue una prueba importante para la sobriedad de Argüello. La pasó.

"Él dijo que este año había sido agradable despertarse por la mañana y recordar lo que había vivido", dijo Argüello hijo. "Para él, darse cuenta de ello, es algo maravilloso".

Esta columna fue publicada originalmente el 30 de junio de 2000.