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Macarena Rodríguez, la experimentada ex-Leona que no se pone límites y se luce en el hockey Metropolitano

Nunca nadie le regaló nada. El esfuerzo y la humildad fueron los pilares de Macarena Rodríguez, nacida en Mendoza hace 44 años. Su nombre resuena fuerte cada sábado en el Torneo Metro bplay porque es una de las jugadoras más experimentadas que tiene el hockey de Buenos Aires y la más grande en edad en seguir compitiendo en la Primera A.

Alejada de Las Leonas desde su retiro en agosto de 2015, combina su vida personal y laboral -es Licenciada en Sistemas de la Información- con su gran pasión: el palo y la bocha. En diálogo con ESPN.com, la exvolante del seleccionado argentino habló sobre su presente: “El hockey hoy está en un plano secundario, pero el deporte es una veta de mi vida muy importante porque lo concibo como un cable a tierra, me dio muchas herramientas que utilizo para mi vida y para mi profesión”.

En 2012 dejó Mendoza y arribó al club de Núñez tras un breve paso por el hockey español, defendiendo los colores del Egara. Desde entonces, le aportó al equipo experiencia y, sobre todo, transitó los distintos recambios generacionales. “Todos los equipos que integré fueron totalmente diferentes. Si bien el de hoy tiene falencias porque no es el mejor del Metropolitano, lo que rescato es la frescura, la pasión a la hora de entrenar y el que las chicas están todo el tiempo queriendo absorber. Cuando las cosas no salen hay sentido de equipo y de unidad. Es un equipo muy noble y con mucha hambre de crecimiento”, aseguró la capitana de Las Vikingas.

En cuanto a la clave para seguir compitiendo en el más alto nivel local, Maca aseguró que tiene sus concesiones habladas y pactadas con el equipo y con el cuerpo técnico. “Hay un día en la semana en el que no participo de los entrenamientos porque también hay una realidad: soy una jugadora grande y el cuerpo no es el mismo que el de unos años atrás, aunque los sábados no se note (se ríe)”, confesó. “Entreno a la par de las chicas a las que les llevo entre 17 y 20 años porque sé que me sirve para poder estar al día, aunque con el tiempo aprendí mis mañas para regular mejor el desgaste físico durante un partido”, contó quien alzara el título del Metropolitano en 2016.

Su paso por Las Leonas no pasó desapercibido. Y aunque tuvo su bautismo en el Champions Trophy de 2003, ella supo que le faltaba para ser protagonista. “Mis primeros años los hice a la distancia, estando en Mendoza. Años después, cuando fui más madura, con otra calma y mirada hacia lo que realmente quería, entendí que no estaba preparada en lo mental. Fueron cosas que pulí mientras fui creciendo”, recordó.

Su primer gran torneo fue nada más ni nada menos que el Mundial de Rosario 2010 donde Argentina se consagró campeona. Desde entonces fue abriendo su camino y disfrutando del recorrido que incluyó una medalla de plata olímpica en Londres 2012, otro podio mundial con el bronce en La Haya 2014 y tres títulos de Champions Trophy (2010, 2012 y 2014). “Me siento realizada por todo el camino que hice. Di todo lo que tenía para dar. Es una etapa cerrada de mi vida que miro con mucha felicidad. Le doy mucha importancia a valorar el camino andado porque las medallas están ahí, pero me gusta recordar lo que hice para llegar a ellas. Nunca bajé los brazos y perseguí el sueño. Traté de superarme día a día, no solo en mi físico técnico sino en lo que podía dar como persona. Nunca nadie me regaló nada, siempre lo hice a pulmón. Tuve la suerte de tener una familia que me apoyó un montón, un compañero de vida que siempre creyó en mí y fue mi sostén. Tengo esa mirada de agradecimiento y por algo las cosas se dan como se tienen que dar. Fui muy consciente de cada etapa que viví y fue mágico”, reflexionó quien, en el último tramo de su carrera internacional en la que disputó casi 200 partidos, le tocó portar la cinta de capitana tras la salida de Luciana Aymar.

En el día a día se considera una fanática de Las Leonas. “No me pierdo un solo partido. Soy muy detallista y me gusta ver qué cosas hacen y cómo juegan. Soy muy crítica también, obviamente siempre con respeto y dando mi punto de vista a las personas que creo que se lo tengo que dar porque hoy me toca cumplir un rol fuera del seleccionado”, reconoció.

Ya fuera del alto rendimiento deportivo, en 2018 su vida dio un giro de 180 grados y se convirtió en mamá de Tobías a quien define como su fiel compañero, y aunque con sus cuatro años la acompaña en cada entrenamiento y se mueve a la par de ella en las prácticas, no siente presión al pensar en el futuro de su hijo: “Es apasionado, acompaña a su papá (Matías Olguin, jugador de San Martín) a la escuelita del club, pero queremos que él elija si quiere jugar al hockey, sino lo acompañaremos en lo que haga”.

Pensar en Mendoza no le es esquivo y aunque su residencia está Buenos Aires desde hace 10 años, no olvida sus raíces: “Tengo todos mis afectos ahí y es el lugar donde vuelvo siempre; me encantaría vivir allá, pero por elecciones de trabajo hoy no puedo”, explicó. Es que allí nació todo. A los 12 años se inclinó por el hockey y comenzó a representar a Andino, el club de toda su vida, su segunda casa: “Andino es mi corazón. Viví muchas cosas lindas con el club y lo tengo siempre presente”, aseguró. A su provincia también supo darle todo. Desde su primer Argentino de Selecciones en 1994 con la juvenil mendocina, siempre que pudo dijo presente, hasta que en 2019 jugó su última competencia nacional, coronándose en su tierra. “Con Mendoza no me quedó nada pendiente y siempre estoy a disposición. Está bueno poder devolverle algo de todo lo que me dio, siempre con una mirada positiva y alentando al equipo”.

Ya hacia el final de la charla, no pudo esquivar la pregunta de si ésta será su última temporada en el Metropolitano de Buenos Aires. “Siempre digo que voy año a año, porque hoy mi energía puede estar muy bien, pero sé que llega diciembre y quiero colgar el palo. Este año me planteé comenzar y obviamente si lo puedo terminar, genial. Siempre fui positiva y alegre, en el momento en que vea que esto se transforma en algo que no está bueno, voy a ser la primera en dar un paso al costado. No sé si habrá otra temporada más”, concluyó.

Y así es y se muestra Maca Rodríguez. Frontal. Consciente de cada paso dado, vive el presente a puro disfrute. Por ahora prefiere no ponerle punto final a ese compañero al que no le suelta la mano desde hace 32 años porque, sin lugar a duda, supo hacer del hockey un estilo de vida.